Guaidó, ya no tiene quien le escriba

Una de las obras emblemáticas por su brevedad y mensaje concreto del escritor colombiano Gabriel García Márquez fue “El coronel no tiene quien le escriba”, una historia en donde el protagonista se la pasa esperando día tras día una pensión que nunca llega y que tiene como única esperanza de ganancia un “gallo de pelea” en el cual está dispuesto a invertir todos sus recursos materiales para que le permita obtener beneficios personales.

¿Cuál es la relación entre el jefe opositor venezolano Juan Guaidó y esta historia? Explicaremos el contexto actual venezolano y el desarrollo histórico desde que Guaidó fue catapultado por los medios hegemónicos mundiales para dar respuesta en la conclusión del escrito.

Juan Guaidó, el joven de 35 años y político del partido conservador Voluntad Popular antes del 23 de enero de este año era desconocido hasta que en una plaza se autoproclamo presidente y, por lo tanto, se decía el sustituto del mandatario constitucional, Nicolás Maduro.

Han pasado más de dos meses desde que el gobierno estadounidense le concedió este reconocimiento vía Twitter, pero ¿cuáles son sus verdaderos alcances al momento de maniobrar la maquinaria de Estado y gobierno?

En primer lugar, más que su autoproclamación en un templete de una plaza pública, Guaidó no ha logrado sentarse ni un minuto en el Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno venezolano.

No hace gestión, no atiende las necesidades básicas de los venezolanos y en vez de eso, uno de sus éxitos ha sido bloquear cerca de 130 mil millones de dólares de Venezuela con ayuda de Washington y aceptación de Donald Trump; se vanagloria y apoya la asfixia económica a su propio pueblo como método de presión al presidente Maduro sin importar cuánto afecte los servicios básicos como agua y luz a partir de los ciberataques realizados durante el mes de marzo.

El autoproclamado presidente no tiene gabinete de ministros ni embajadores, aunque nombró varios “enviados” a distintos países del mundo cuyos gobiernos solo los reconocen como tal, enviados. En el caso de España y sobre todo Alemania, no fueron reconocidos debido a que manifestaron que Guaidó ha estado más de 30 días como “presidente encargado” y no ha convocado a elecciones generales.

La ONU y el Consejo de Seguridad vetaron la propuesta de una intervención militar, también su gran aliado, Grupo Lima, todos los gobiernos de corriente ideológica de derecha y proestadounidense.

Y sin olvidar que solamente se ha hecho de sedes diplomáticas en Estados Unidos, una vez más con el apoyo de Trump y su operador político Marco Rubio, quien cada vez que puede suele amenazar a las fuerzas armadas y la estabilidad en suelo venezolano. Por ello, todas las embajadas de Venezuela en el mundo continúan ocupadas por personal diplomático dependiente del gobierno bolivariano de Venezuela.

Por otro lado, la mayoría de las agencias y medios de información internacionales lo describen como “el autoproclamado presidente” o “jefe opositor” a diferencia de Maduro, a quien lo nombran como presidente de Venezuela. Eso sí, tiene una gran cobertura mediática; sus movilizaciones o sus actividades, como las visitas a Colombia, Paraguay, Argentina y Ecuador, donde en su momento tuvieron una fuerte repercusión en la prensa, a diferencia de las de Maduro, cubiertas solo por agencias estatales o medios extranjeros como Telesur, Rusia Today o Prensa Latina.

No obstante, una vez que Forbes y CNN han sacado reportajes sobre las posibilidades de un ataque cibernético en Venezuela, el operativo para intentar un magnicidio en octubre de 2018 contra Nicolás Maduro, han erosionado su imagen y credibilidad.

En cuanto a su capacidad de movilización de masas, Guaidó no pone nervioso al gobierno presidido por Nicolás Maduro, primero porque siempre ha amenazado a las Fuerzas Armadas y por otro, debido a su discurso intervencionista proestadounidense que lo ha desvinculado de la conciencia política de la población venezolana, por ello, “Operación Libertad” solamente es una proclama inflada.

Su intento más rescatable fue juntar a Maná y Alejandro Sáenz en un escenario e intentar ingresar una supuesta ayuda humanitaria por la frontera con Colombia a Venezuela, fracasando e incluso siendo descubierto por el periódico NY Times como un suceso planeado para quemar la misma ayuda que se quería hacer llegar a los y las venezolanas.

Fracasada la internación de los camiones, Guaidó optó por la búsqueda de respaldo a través de visitas a gobiernos aliados.

Mientras, el Grupo de Lima que lo apoya sin condiciones optó solamente por recomendar elecciones en Venezuela y no así el uso de la fuerza, como buscaba Estados Unidos.

Juan Guaidó a casi dos meses de su imaginario triunfo del 23 de enero se queda sin aliados, sin discurso y sin gobierno.

Por ello, Guaidó ya no tiene quien le escriba, cada día pregunta en el sistema internacional como si fuera esa gran oficina de correo del cuento si ha llegado la carta que lo reconocería como presidente en Venezuela, sin embargo, cada día que pasa debe aceptar que se aleja de las metas que no puede cumplir, pero aun así sigue mintiendo a los medios y poca gente que lo escucha.

Sabe que está desinflado, que su misma gente lo critica cada vez más, pero su única esperanza de ganancia es ese gallo de pelea llamado Estados Unidos en el que ha puesto todo el presupuesto de los venezolanos para que lo apoyen, sin importar si asfixia o empobrece a todo el país para por fin el verse sentado en Miraflores.

La pregunta y una posible respuesta de aquí a futuro, cuando el pueblo venezolano le demande que comerán, Guaidó como el coronel de esa historia responda: “¡Mierda!”.

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