Vuelven las manifestaciones a Líbano tras 24 horas sin nuevos contagios

Por primera vez desde que hace un mes se decretase el estado de alarma en Líbano a causa del nuevo coronavirus, cientos de manifestantes se han lanzado este martes a las calles de Beirut para protestar contra el Gobierno cuyos parlamentarios también han roto la inactividad impuesta por la covid-19 y se han reunido en un viejo teatro. Los activistas han respetado las medidas de seguridad y han formado un convoy, compuesto por motocicletas y coches, en el que, cubiertos con mascarillas estampadas con la bandera de Líbano y a golpe de claxon, han anunciado el retorno de las protestas antigubernamentales siete meses después de su estallido el pasado 17 de octubre.

El grito de ¡Zaura! (Revolución, en árabe) ha vuelto a retumbar en la capital libanesa, aunque esta vez desde las ventanillas de los automóviles. “No vamos a dejar que los políticos se escuden en el virus como cortina de humo, hay que hacerles saber que estamos aquí”, grita un joven, de nombre Nader, desde su motocicleta. Se refiere a los diputados que este martes se dan cita en el palacio Unesco, un espacio más apropiado que el hemiciclo para mantener la distancia física exigida en tiempos de pandemia. La reactivación tanto del Parlamento como de las protestas coincide con el mensaje tranquilizador lanzado el lunes por el ministro de Sanidad, Hamad Hasan, quien ha asegurado que la crisis del coronavirus “esta próxima a su fin en Líbano”. Según cifras oficiales, hay 677 casos de contagios en el país de 6 millones de habitantes y han muerto 77 personas. En las últimas 24 horas, no se ha registrado ninguna nueva infección y en cinco días solo ha habido cinco casos diarios. La temprana adopción de medidas preventivas como el cierre de colegios y universidades desde finales de febrero ha conferido cierto crédito al actual Gobierno que lidera el primer ministro Hasan Diab.

 

En la agenda de las sesiones parlamentarias que durarán tres días, hay 66 puntos a tratar que van desde la aprobación de una ley de amnistía para presos, pasando por un plan de lucha anticorrupción, hasta la propuesta de legalización del cultivo de marihuana para su uso medicinal. El dossier más urgente y controvertido es sin duda el de las finanzas en un país que se hunde en una de sus peores crisis económicas exacerbada por la pandemia.

Líbano arrastra una de las deudas externas más elevadas del mundo: unos 82.000 millones de euros, el 170% de su PIB. Los manifestantes exigen la dimisión en bloque de la élite político-económica del país a la que acusan de saquear las arcas públicas. Tras declarar el primer impago de deuda de su historia, Beirut ha solicitado asistencia al Banco Mundial (BM) y al Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Banco Mundial ha advertido que la mitad de la población —4, 5 millones de personas— caerá por debajo del umbral de la pobreza de devaluarse en un tercio la libra libanesa (LBP, por sus siglas en inglés). Este martes la libra ha amanecido en las casas de cambio en su valor más bajo con una paridad de 3.260 LBP frente al dólar, más del doble del fijado por el Banco Central (a 1.507 LBP por dólar). El segundo pronostica una contracción de la economía libanesa en un 12% este año.

Paradójicamente, la eficacia de medidas como el cierre de comercios, bancos y de las fronteras y la imposición del toque de queda han supuesto también la estocada final para muchas familias ya ahogadas por la vertiginosa subida de los precios de productos básicos (entre un 25 y un 60%). A esto se suma una ola de despidos masivos que ha dejado a más de 220.000 personas sin empleo desde octubre.

“El pueblo tiene hambre”, explica Nadia, con medio cuerpo inclinado a través de la ventanilla del vehículo que encabeza la protesta. “Ya no van a ser aquellas manifestaciones cantarinas en las que exigimos la igualdad de género o la independencia judicial”, prosigue. “Con la crisis, la gente exige ayudas económicas y las protestas serán mucho más violentas cuando los ciudadanos no tengan con qué alimentar a sus hijos”, concluye, apremiada por la sirena de un coche de policía.

El Gobierno ha optado por mantener, aunque rebajadas, las medidas de confinamiento a 48 horas de que comience el Ramadán, mes de ayuno musulmán, que este año promete ser de los más austeros que han conocido los libaneses. Por su parte, los partidos de oposición han amenazado con boicotear las sesiones de un Gobierno monocromo del tándem chií Hezbolá-Amal junto con su aliado y primera fuerza cristiana, el Movimiento Patriótico Libre.

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