Pandemia y resignificación de la cultura

Por: Maribel Acosta Damas

 

Crisis social total ha llamado el politólogo español Ignacio Ramonet al tiempo que vivimos, en todos los órdenes de la  vida. También en la cultura entendida como creación humana.

De pronto, sin previo aviso aparentemente reconocible, cambió la vida de todos y todas. La esquizofrenia social resultado de la opresión del mercado y la enajenación, han sufrido una parada en seco. Tal vez el ejemplo más evidente en términos de cultura de masas es que por primera vez los aplausos a los millonarios clubes de futbol y a sus estrellas, han mutado a los médicos y al personal de salud,  hasta ahora ignorado o subestimado en gran parte del orbe. Por primera vez en el acomodado primer mundo la gente se percató de que los médicos, las enfermeras y los científicos son un bien mayor, que sus salarios son misérrimos allí donde los futbolistas son millonarios. Y que la denominada “eficiencia” de los sistemas de salud, que resta recursos y personal capacitado a la sanidad, es el rostro despiadado del corporativismo neoliberal.

Entonces algo nos está pasando, como diría el trovador cubano Silvio Rodríguez: En los cantares de los balcones y en los aplausos a los médicos de cada noche en todo el planeta ha renacido la cultura, pero no esa de espectacularización, sino aquella que devuelve significados a la utopía humana.

Resistiré, la canción de los 80  del dúo español Dinámico se escucha por todas partes en las voces tanto de la gente como de los médicos y el personal de salud, sobre todo español, pero más allá de ellos, como himno de resistencia frente a todos los embates. Curiosamente, ya en 2001 se había convertido en himno extraoficial de la crisis económica en Argentina. Sus autores cedieron los derechos de la canción a la Comunidad de Madrid, para su uso en campañas institucionales mientras dure el estado de alarma por el coronavirus. Y otro dato curioso, desde las  primeras semanas del confinamiento, la canción se puso en el número 1 de descargas en iTunes.

“…Soportaré los golpes y jamás me rendiré

Y aunque los sueños se me rompan en pedazos

Resistiré, resistiré…”

Otra canción popular, Bella ciao,  símbolo de la resistencia italiana en la lucha contra el fascismo, es entonada de punta a punta del planeta luego de que el propio pueblo italiano la desempolvara en la apaleada Italia del Covid 19, para hacerla su himno por la justicia.

“…Una Mañana, me he despertado,

y he descubierto al invasor.

¡Oh! Partisano, me voy contigo,

O bella adiós, bella adiós, bella adiós, adiós, adiós…”

Se han puesto de moda las palabras solidaridad, justicia, dignidad, salud, respeto, humanidad, abrazo…

Tienen un significado nuevo los versos de Canción última de Miguel Hernández, el poeta español masacrado y muerto por el franquismo:

“Pintada no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias… Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruidosa cama…”

Y parece escrito para ahora mismo el uruguayo Eduardo Galeano, su libro de las venas abiertas de América y de los abrazos, su relato El viaje en que cuenta que “Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien…Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos…Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.”

Ciertamente, algo nos está pasando, que la cultura se está pareciendo al significado de los abrazos… Habrá que ver después, cuando el capitalismo fagocitador pretenda apropiarse de estos días… también. Sin embargo, algo habremos aprendido. Ahí están todos esos himnos que nos han tenido en pie y han dado al traste con los definidores de lo que es la cultura.

 

 

 

 

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