La Soterraña | Un traidor en la mesa política de Morena

A Morena han llegado personajes políticos que cambiaron de partido, pero se mantienen fieles a sus vicios y virtudes del pasado. Muchos de ellos, la gran mayoría, llegaron no por convicción ideológica, sino porque en estos tiempos es un error vivir al margen de la cuarta transformación, por lo menos para intentar conservar los privilegios de la política a la vieja usanza.

En 2018 muchos políticos llegaron a Morena de última hora, para subirse a la ola de Andrés Manuel López Obrador que los llevó a los cargos de representación popular que ahora detentan. En 2021 existe el riesgo de que un tsunami de oportunistas  pase por encima de los morenos que han estado en el movimiento de AMLO desde los tiempos de vacas flacas, y que agandallen candidaturas o lo que sea que les caiga a la mano; Cristóbal Arias figura entre ellos como el más entusiasta morenista de ocasión.

Entre los perredistas que chapulinearon a Morena una vez que AMLO llegó a la presidencia figura uno que se distingue por su ADN de traición; fue desleal a su mentor político, cambió de partido, dejó a muchos de su equipo en el camino, y ahora da golpes bajo la mesa en el cónclave de los principales liderazgos morenistas: Raúl Morón, Alfredo Ramírez, José Manuel Mireles, Yolanda Guerrero, Itzé Camacho, y Víctor Báez, entre otros.

El primer golpe bajo en la mesa política lo asestó contra Raúl Morón, cuando desató una campaña en redes sociales para acusarlo de usar bots en una encuesta dentro de una página de Facebook que no tiene ningún peso o nadie conoce. Quedó claro que no sabe elegir sus batallas, y mucho menos puede identificar a sus verdaderos adversarios, aunque cuando se tiene el gen de la traición no hay amigos ni enemigos reales.

Cuando no se cuenta con representación en el Consejo Estatal de Morena y no se tiene ninguna presencia  en las encuestas, el manual de la tenebra dice que se debe ser pragmático; es decir, practicar la política sin miramientos de ningún tipo: lo importante es lograr el objetivo, a como de lugar. Quien tiene ADN de traición conoce bien esa lógica.

A pesar de participar en la mesa política de referentes, dónde por lo menos hay cuatro aspirantes con posibilidades reales de ser candidato de Morena a gobernador y que trabajan en la construcción de un acuerdo de unidad, el chapulín dio un nuevo salto para ir a negociar con los adversarios dentro y fuera del partido.

Empequeñecido junto a referentes de mayor peso en Morena o con más estatura política, desesperado porque el tiempo se acaba,  ha comenzado a negociar con emisarios de Cristóbal Arias, tiene cercanía con panistas -aunque de poca monta- y hasta ha tocado las puertas de gobierno en busca de perdón y financiamiento.

Ya son dos puñaladas traperas que asesta dentro de la mesa política de referentes, y dicen que la tercera es la vencida, así que sus días en el cónclave de los principales liderazgos de Morena podrían estar contados, o pudiera salir por su propio pie en busca de mejores dividendos políticos, porque el ADN de Carlos Torres Piña es así.

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