La nueva normalidad se le va de las manos a Silvano

Ciudad de México.- Silvano Aureoles Conejo, gobernador de Michoacán, tendría que dar un paso al costado y dejar en manos de su Secretaría de Salud la estrategia para atender la pandemia de coronavirus, ya que en su afán de contradecir al gobierno federal lleva a su estado sin rumbo, y durante la emergencia sanitaria ha acumulado una serie de errores que ponen en riesgo a la población.

 

Fracaso de la “cuarentena”

 

El 15 de marzo, el secretario de Educación Esteban Moctezuma y el subsecretario de salud Hugo López Gatell dieron a conocer que el 22 de marzo iniciaba la Jornada Nacional de Sana Distancia, por lo que a partir de esa fecha se suspendían clases. El 16 de marzo, Silvano Aureoles ordenó suspender las actividades escolares en Michoacán al día siguiente, lo que implicó también el inicio del distanciamiento social cuando no se tenía confirmado ni un solo caso de COVID-19 en el estado.

 

La abrupta decisión de Silvano, que tomó por sorpresa a todas las comunidades educativas, dejó claro que para el gobernador perredista lo importante no era la estrategia, sino contradecir a la federación y dejar claro que él lleva su propia ruta, aunque nadie sabe cual es.

 

Lo único claro hasta el momento es que el michoacano está copiando la estrategia del gobernador Enrique Alfaro, quién también declaró la suspensión de clases en Jalisco desde el 17 de marzo, y el 19 de mayo publicó el decreto de confinamiento obligatorio, medida que también replicó el perredista el 20 de abril. Ambos gobernadores decretaron que el distanciamiento social obligado concluiría el  17 de mayo, y durante ese periodo otorgaron a las fuerzas de seguridad pública la facultad de hacer cumplir las restricciones, lo que en territorio jalisciense dejó como consecuencia el asesinato de un joven que fue arrestado por no llevar cubreboca.

 

Adelantar una semana el distanciamiento social provocó a los michoacanos un desgaste innecesario, y para principios de mayo la gente ya se encontraba en las calles nuevamente. En plena fase tres de propagación del coronavirus, Michoacán destacaba como el estado que menos redujo su movilidad en espacios públicos, según el Reporte de Movilidad de Google; es decir, el confinamiento obligatorio decretado por Silvano Aureoles provocó el efecto contrario en los ciudadanos.

 

Apertura total, sin orden

 

Silvano Aureoles se sumó a otros gobernadores que decidieron no acatar el semáforo de riesgo que definió el Gobierno de México para orientar a las entidades federativas en la reapertura gradual de actividades. El sistema de alerta de la federación definía qué sectores podían reactivarse y qué tipo de actividades se podían llevar a cabo según el nivel de contagio de COVID-19 en cada estado.

 

El propio gobernador de Michoacán reconoció que en la primera semana de lo que él llamó la nueva convivencia social, la movilidad de los michoacanos aumentó en 70%. El Gobierno de Michoacán transitó a la nueva normalidad sin un mapa de riesgo propio que orientara a los municipios sobre la fase de contagio en que se encuentran, y qué actividades podrían reanudarse según su alerta de riesgo.

 

Prueba de la improvisación que ha caracterizado a la estrategia de confrontación de Silvano es que el mapa de riesgo de Michoacán se habilitó sobre la marcha, y hasta cinco días después de iniciada la convivencia social se colocaron en 8 municipios las banderas de colores que indican en qué nivel de riesgo de contagios se encuentran, aunque no establecen cuáles son las restricciones que se deben aplicar para cada fase.

 

Sin un mapa estatal de riesgo de contagio, la reactivación en Michoacán se llevó a cabo sin orden y de manera indiscriminada. A este error que será clave en el futuro aumento de contagios se debe sumar que el gobierno de Silvano Aureoles incluyó en las actividades esenciales a los sectores de comercio, servicios y manufactura, lo que en los hechos implica volver a la nueva normalidad con una apertura total de actividades.

 

Durante la emergencia sanitaria Silvano Aureoles ha transitado de la máxima restricción de movilidad social con medidas punitivas, a la reapertura de actividades más laxa. Esta falta de consistencia pone en evidencia que, antes que pensar en la salud de los ciudadanos, el gobernador perredista está pensando en los dividendos electorales que le puede redituar su postura de oposición al Gobierno de la República, aunque también en esta estrategia permanece a la sombra de Enrique Alfaro.

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