Eudald Carbonell: “Debemos contribuir a la extinción del capitalismo para que no colapse la especie”

El español Eudald Carbonell Roura es un referente mundial de la investigación arqueológica; es también un científico social que, en sus numerosos libros y artículos, ha desarrollado conceptos teóricos mediante los cuales reflexiona sobre la evolución de la especie humana, y sobre los cambios que esta debe experimentar si desea tener un futuro, ante el peligro de extinción que puede enfrentar cualquier grupo de seres vivos.

Durante la presente crisis generada por la pandemia, Carbonell Roura ha sido entrevistado por diferentes medios de comunicación en distintos momentos. En cada una de estas ocasiones —aun en la diversidad de sus ideas— su preocupación por el futuro de especie es un tópico recurrente. Esta data de tantísimos años dedicados a la investigación y a la experiencia empírica ganada en yacimientos de buena parte del mundo. Sus libros publicados lo demuestran; entre ellos, Planeta Humano, La conciencia que quema o el último, Hazte Humano.

Hoy 20 de mayo, el Diario de Tarragona publicó un nuevo dialogo con el también codirector del Proyecto Atapuerca, Catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili (URV), investigador (y creador) del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES). El tema fue las epidemias que ha sufrido Homo sapiens, de las que se tiene referencia, claro está. Y cómo enfrentar desafíos de esta naturaleza.

La primera interrogante, ¿hay constancia a través de la arqueología de la existencia de plagas anteriores a la de Atenas en el año 430 a. C?, desencadena una respuesta afirmativa del científico:

“La Yersinia pestis, una bacteria. Parece que se ha identificado en algunos yacimientos de finales del neolítico y principios de la Edad del Bronce[i]. La socialización de las economías de pastoreo y agrícolas produjo crecimientos demográficos muy importantes y hace 5.700 años en zonas de centroeuropa ya se constata la existencia de una gran pandemia que pudo mermar entre un 30 y un 60 por ciento de esta población. Después hay otra en el 4.700, por ejemplo”.

No hay constancia, sin embargo, de la extinción de una especie prehistórica humana por una pandemia, agrega Carbonell. “Ahora bien, es probable que de existir pandemias en la antigüedad prehistórica también hubieran contribuido a colapsos en algunas de las regiones donde habitaban especies humanas. En los espacios donde no se pierde diversidad y hay poca carga demográfica es más infrecuente que se produzcan estas enfermedades”.

Pero esta vez, con la pandemia del coronavirus, Eudald piensa que, efectivamente, la especie está sufriendo un colapso. “Hay toda una serie de avisos que nos indican que estamos en el horizonte de los acontecimientos. Y esto quiere decir que un conjunto de actuaciones y acciones humanas equivocadas están poniendo en peligro a nuestra especie. Si no hay una redistribución de energía en el planeta, el colapso será irreversible.

¿Colapso significa extinción?, pregunta la periodista Gloria Aznar.

“No. Colapso es pérdida de cohesión y desestructuración, lo que conlleva a sufrimiento y pérdida de vidas. Extinción es la desaparición de todos los individuos de una especie. La Peste Negra en el siglo XIV (1537-41), fue una descarga demográfica importantísima en el continente euroasiático, sobre todo en el apéndice europeo.

“A partir del siglo XII hubo un gran incremento de población y, por lo tanto, una recarga muy importante del sistema demográfico con grandes zonas de bosque eliminadas para el cultivo. La pandemia cortó el crecimiento exponencial que se estaba produciendo en algunos lugares del planeta”.

Explica el arqueólogo que, después de esta crisis tan importante, en Europa se generaron las condiciones para su posterior organización y desarrollo concretadas en el Renacimiento. Surge la ciencia y, como consecuencia, la revolución industrial, a finales del siglo XVIII y hasta el XIX.

¿El papel de la selección natural en esta crisis de la Covid-19? Por descontado. “La selección natural es el mecanismo encargado de regular los sistemas vivos en el planeta. También esa molécula, el SARS-CoV-2, ha actuado produciendo una fuerte selección entre los humanos, afectando mucho más a las personas mayores y el final de su proceso vital.

No ocurrió lo mismo con la gripe española —indica—, que causó más estragos sobre todo entre personas jóvenes. También se debe tener en cuenta que a principios del siglo XX la población no estaba tan envejecida como la actual.

Al escarbar en las posibles causas de la presente crisis Carbonell piensa que “hemos tenido varios avisos como consecuencia de una globalización de pies de barro”.

La socialización de la revolución industrial puede que nos costara 200 millones de muertos con las dos guerras mundiales de forma directa o indirecta, acentúa. “Otro ejemplo es que nuestra intervención en el cambio climático puede salirnos muy cara. Pero la socialización de la revolución científico tecnológica es la que puede provocar una descarga demográfica más importante, como ocurrió con la revolución industrial”.

En ese sentido, fundamenta que, obviamente, la revolución científico tecnológica nos dota de unos medios muy distintos de los que disponían los grupos humanos antiguos. “El más efectivo es la producción de medicamentos, de vacunas, que alivien esta enfermedad o que la eviten. En esto es importante la hipervinculación entre investigadores y la capacidad de producción de unidades de medicamentos que permitan atender a toda la población humana. Tenemos que estar preparados para posibles nuevas pandemias”.

Pero es la primera vez —destaca Carbonell— que los humanos nos hemos empoderado y hemos plantado cara como especie a la selección natural. “Pienso que esto es muy importante, porque se ha incrementado nuestra conciencia crítica de especie.

Conciencia crítica de especie es uno de los conceptos que el arqueólogo ha desarrollado como científico social. La define así: “es un mecanismo que está por encima de otros tipos de conciencias (la individual y la de clase). Es la consecuencia de la evolución humana, es decir, de la humanización, y se basa precisamente en la conciencia operativa, o sea, en cómo los humanos nos organizamos a partir de nuestra inteligencia social”.

Y ejemplifica que, “probablemente una demostración de nuestra capacidad de adaptación y supervivencia como animales conscientes ha sido la colaboración de todos los países del mundo a través de sus gobiernos en la lucha para evitar más muertes como consecuencia del impacto de esta molécula”.

Sin embargo, está convencido de que esta crisis nos aboca a detener la globalización, es decir, la uniformización de nuestra especie en el planeta, y a empezar la planetización, que es el mantenimiento de la diversidad de las conductas, de las culturas diferentes que existen hoy en día, hacia la interdependencia y el incremento de sociabilidad.

Porque “planetización significa interdependencia y planificación consensuada de todo tipo de mecanismos, que nos permiten anticipar los procesos futuros para tener protocolos de tipo universal”.

¿Aprenderemos de esta experiencia? El científico responde con un refrán. “Dicen que los humanos somos los únicos animales que tropezamos con la misma piedra. Tenemos que pensar que estas piedras que nos vienen en el camino son muy importantes, y que, si no somos capaces de plantear nuevas formas de adaptación, la evolución hará su camino y éste puede estar lleno de sufrimiento”.

Pero Eudald Carbonell Roura también tiene una serie de acciones propositivas que hacer a sus congéneres, además de incrementar la conciencia crítica de especie. Entre ellas, que “el confinamiento nos ha hecho entender que necesitamos una rápida socialización de la tecnología y que se debe incrementar la sociabilidad de la especie.

Significa —dice— aumentar la capacidad de ser complementarios en la construcción de las formaciones sociales en el planeta. Es decir, no aumentar la competitividad, sino la competencia de la especie.

De la misma manera piensa que “el capitalismo es un sistema anacrónico y fósil y no soluciona los problemas que genera. Debemos contribuir a su extinción para que no colapse la especie”.

 

[i] La Edad del Bronce es un periodo de la Prehistoria que se extiende, según las zonas, entre el 1700 y el 800 adC.. Se denomina así porque se empiezan a fabricar armas y utensilios con la aleación del cobre y el estaño, resultando un metal más duro que el cobre.

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