El fracaso de Silvano ante el COVID-19

Morelia, Michoacán.- La decisión del Gobernador Silvano Aureoles de separarse de la estrategia federal contra el  coronavirus podría tener severas consecuencias para Michoacán, ya que debido a los nulos resultados que ha obtenido en el combate a la pandemia, ningún municipio del estado es considerado en el plan para reanudar actividades a partir del próximo 18 de mayo.

Esta mañana, el Gobierno de México dió a conocer la estrategia de reapertura de las actividades sociales, educativas y económicas. En la víspera, este plan fue afinado por la Secretaría de Gobernación y gobernadores en una reunión virtual en la que  Silvano Aureoles fue el único gobernador ausente.

El regreso a la nueva normalidad contempla que el próximo 18 de mayo reanudarán actividades 269 municipios en 15 estados; sin embargo, debido a la incidencia de contagios de Coronavirus ningún municipio de Michoacán está en condiciones de volver a sus actividades cotidianas.

 

La estrategia fallida

 

El Gobernador de Michoacán, uno de los peor evaluados en el país según sondeos de diversas casas encuestadoras, optó por hacer frente a la pandemia de coronavirus con una estrategia de confrontación con el gobierno federal, en lugar de aplicar un plan integral de salud pública.

El cálculo de Silvano Aureoles ha sido más político, y al parecer su equipo considera alcanzado el objetivo, ya que se han dedicado a difundir en medios de comunicación que su aceptación entre la población remontó de abril a marzo, aunque se mantiene en el top cinco de los gobernadores peor evaluados por ciudadanos.

En su afán de protagonismo, Silvano Aureoles quiso adelantarse al gobierno federal y ordenó que la suspensión de clases en Michoacán se hiciera una semana antes a lo dispuesto por la SEP.

Apretó a la ciudadanía y sectores económicos para que suspendieran actividades cuando en el estado no se tenía registrado ni un sólo contagio, y después afirmó que no se sumaría a la estrategia de la federación que preveía la apertura paulatina en municipios a partir de junio, incluso publicó un decreto de confinamiento obligatorio como prueba de su “determinación” autoritaria.

El gobernador de Michoacán nunca entendió que la pandemia no podía ser frenada, y lo que había que hacer era administrar los tiempos para que la propagación del virus no rebasará la capacidad del sistema público de salud, pero también para aminorar el impacto en las economías locales.

Desde la fase uno de la pandemia en México, Silvano Aureoles ordenó la reducción de la movilidad social, y metió a ciudadanos y sectores productivos o comerciales en un desgaste innecesario que después tendría consecuencias: cansados del confinamiento prematuro, los ciudadanos decidieron rebelarse a las restricciones y volver a las calles justo en la fase tres, la de mayor riesgo de contagio.

 

La tregua en la conflictividad social también parece haber terminado ante la incapacidad del secretario de Gobierno, Carlos Herrera Tello, que parece más ocupado en posicionarse como candidato del PRD a la gubernatura; los normalistas volvieron a bloquear carreteras, igual que pobladores de Zitácuaro, y las protestas en el Centro de Morelia volvieron a ser cosa de todos los días.

Los resultados del Gobierno de Michoacán durante la pandemia están a la vista; por la incidencia de contagios de COVID-19, ningún municipio del estado tiene condiciones para comenzar a retomar las actividades cotidianas, por lo que sería recomendable que se aplicara el quédate en casa al menos dos semanas más. En este momento, la decisión parece estar en manos de ciudadanas y ciudadanos, ya que es claro que Silvano Aureoles ha sido rebasado

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